viernes, 14 de mayo de 2010

Milladoiro - Inés



A Quinta das lágrimas - La historia de un gran amor

Basado en la vida de Inés de Castro, una noble gallega que acompaño como dama a la futura reina de Portugal. El heredero al trono, el infante Don Pedro puso sus ojos en ella y la hizo su amante. Vivieron una apasionada historia de amor y de su unión nacieron varios hijos.
Muerta la futura reina, el infante la desposo dándole legalidad a su unión con ella. Pero la nobleza, enemiga de la casa de Castro, urdió un plan para que Inés fuese asesinada.
El rey, aprovechando un día en que el infante Pedro había organizado una cacería, se dirigió secretamente al Monasterio de Santa Clara, próximo a la “Quinta das lágrimas” en Coímbra. Cuando Inés supo la llegada de su suegro el rey y sus intenciones, se rodeó de sus hijos y salió a esperar al monarca, a quien supo conmover con lágrimas y súplicas. Se marchaba ya el rey, cuando algunos caballeros que con él iban entraron donde estaba Inés matandola a puñaladas.
Cuenta la leyenda que la venganza de Don Pedro fue terrible.
Al ocupar el trono portugués, mandó exhumar el cadáver de Inés, la sentó en el trono y la hizo coronar obligando a los cortesanos a que le rindieran los honores debidos a una reina.
Suntuosos fueron los funerales que se hicieron a Inés; su cuerpo fue depositado en Alcobaça en una tumba de mármol blanco, con una efigie coronada que Pedro había hecho preparar de antemano, cerca de la cual hizo erigir su propia sepultura. Dispuso que los catafalcos se tocaran los pies pues quería que el día de la resurrección, al levantarse, su primera imagen a contemplar fuera la de Inés.

No mar tanta tormenta e tanto dano
tantas veces a morte apercibida
Na terra tanta guerra, tanto engano
Tanta necesidade aborrecida
Onde pode acolher-se um fraco humano
Onde tera segura a curta vida
Que nao se arme e indigne o Ceu sereno
Contra un bicho da terra tao pequeno?
......
Estabas, linda Inés, posta em sossego
De teus anos colhendo doce fruto,
Naquele engano da alma, ledo e cego,
Que a fortuna nao deixa durar muito
Nos sudosos campos do Mondego,
De teus fermosos olhos nunca enxuto
Aos montes ensinando e as ervinhas
O nome que no peito escrito tiñas.

Aconteceu da misera e mesquinha
Que despois de morta foi Rainha

(Luis de Camoes)

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